Importancia y vistazo a la historia de la vestimenta indígena en Guatemala
La historia del vestuario maya arranca desde la era precolombina; manifiesta el ingenio y fuerza expresiva de esta cultura guatemalteca. Más allá de la riqueza visual que aportan sus colores, diseños y estilos distintivos, su indumentaria es un símbolo silencioso de identidad étnica. Aún en el siglo XXI, tradición y modernidad se conjugan para encerrar una gama de mensajes que van desde la comunidad o región de origen hasta género, posición social, jerarquía local y estilo de vida.
Guatemala destaca por la diversidad de su indumentaria indígena. Más aún, porque es un rico y complejo código, que incluye una gran cantidad de mensajes, tradicionales y modernos. Los tradicionales se transmiten en la ropa que visten ancianas de ciertas comunidades o bien mujeres, hombres, niños y jóvenes de poblados que se apegan a la tradición. Su lenguaje de identidad se basa en muchos rasgos, tales como una cierta forma de combinar colores, diseños antiguos, formas de las prendas y maneras de usarlas. Estos rasgos reflejan el lugar de origen de sus usuarios y por lo tanto, son expresiones geográficas, parecidas a lugares representados en los mapas.
Estas expresiones geográficas son más propias de las mujeres, las que mejor han conservado la vestimenta tradicional. Entre las prendas que ellas visten, el huipil o blusa es el que más claramente suele indicar su comunidad de origen. Piezas especiales como sobrehuipiles y velos o cintas para la cabeza indican o indicaban que las personas ocupaban la mayor jerarquía del pueblo en los rituales comunitarios, rango que generaba el respeto y la admiración de las demás de la localidad.
Los estilos tradicionales de vestir también reflejaban una visión de mundo, en la que individuo y comunidad se sentían estrechamente relacionados con su universo. Figuras tejidas, bordadas o sobrecosidas, representaban el sol, la luna, las estrellas y los puntos cardinales, y el centro del pueblo ( para mayor detalle, leer los libros Símbolos que se siembran, escrito en 2005 por la autora de esta nota y Bordados, puntadas que unen culturas – 2010).
El vestuario indígena actual encierra mensajes modernos, asociados a la moda urbana y rural, que influenciado por tendencias propias de la actualidad. Así ocurre con el vestuario genérico, carente de los rasgos de identidad descritos, y la indumentaria pan-maya, nombre que damos los antropólogos a aquella que combina prendas con identidad tradicional, procedentes de uno o de diferentes municipios o aldeas. En unos casos, sus portadoras conocen el poblado de origen de su ropa, en otros no les interesa, pues lo que desean comunicar es su pertenencia y hermandad a la etnia maya o su mejor posición económica. Otras, adquieren piezas carentes de rasgos específicos de un determinado lugar pues las tradicionales le dan calor, les son cómodas para trabajar o porque su pobreza no les permite seguir el último grito de la moda, o porque si viajan con ellas puestas a la capital, se las roban, etc.
También hay mujeres que les gusta vestir huipiles distintivos con faldas o cortes genéricos por ejemplo, pero desean subrayar su capacidad adquisitiva. Otras mujeres indígenas modernas, desean comunicar que ya no se visten igual que sus abuelas, quienes nacían con el traje de su poblado y morían con él. Ello depende del lugar de su residencia: un pueblo alejado, una ciudad moderna o nuestra capital, por ejemplo.
El terremoto de 1976, el conflicto armado del país (1960 a 1996), el debilitamiento de las autoridades tradicionales en los pueblos, tales como la cofradía y la alcaldía, la globalización y un largo etcétera, cambiaron mucho el estilo de vida de muchas comunidades. Con el tiempo, los trajes distintivos han ido perdiendo la importancia que tenían antaño.
Los mensajes que comunicaba el vestuario indígena tradicional forman o formaban parte de un legado que cada vez menos personas conservan en sus respectivas comunidades: aquellas más fieles a la “costumbre” antigua, como los ancianos o los cofrades, quienes siguen la sabiduría de sus antepasados.
Un vistazo a “ojo de pájaro” a la historia de la indumentaria indígena
El traje indígena tiene una larga evolución. Arranca aproximadamente 200 años antes de Cristo, y lo sabemos porque en sitios como Kaminaljuyú vemos en monumentos que perduran hasta hoy, a personajes vestidos con prendas como taparrabos, capas de diferente estilos, faldas enrolladas, etc, muchas de ellas elaboradas con algodón y tejidas en el telar de cintura. Otras se confeccionaban con piel de jaguar o venado y se adornaban con plumas, cuentas de jade, símbolos de la elite o de jerarquía militar, etc.
A partir de 1524, los españoles nos trajeron nuevas prendas, materiales como lana y seda, nuevas telas e innovaciones técnicas, es decir, nuevos instrumentos como el telar de pie, la carda y la rueda para hilar, etc. Los indígenas aprendieron a vestir ropa tallada y nuevas técnicas como el bordado, el tejido en telar de pie, las puntadas de croché y las hechas con dos agujas. Los españoles trajeron el concepto de los patrones para confeccionar la ropa, nuevos diseños, además de tijeras, agujas de metal para coser, bordar y tejer, bastidores para bordar, etc.
De la combinación de la tradición textil precolombina con la española surgió una tradición sincrética. A lo largo de los cinco siglos siguió evolucionando por influencia de la modernidad, hasta llegar a nuestros días. La variada geografía del altiplano guatemalteco hasta 1975 era un escenario que explica el relativo aislamiento de más de 150 comunidades (municipios y aldeas), que desarrollaron tradiciones textiles específicas y confeccionaron sus trajes que los diferenciaban entre sí.
Agradecemos a Barbara Knoke de Arathoon, antropóloga
Investigadora Asociada del Museo Ixchel del Traje Indígena y de la Universidad del Valle de Guatemala
Septiembre 13, 2010

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