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Siempre me ha encantado el tema de la revolución, quizás en parte porque mi cumpleaños se celebra el mismo día que la revolución Guatemalteca. Hoy, a 66 años de la revolución de 1944, se vive en Guatemala el ambiente que precede a toda revolución: Guatemala se deshace pedazo a pedazo en la anarquía de una pobreza en aumento, de la ignorancia improductiva y de la violencia y el narcotráfico en todas sus formas. Un ambiente de angustia avanza gradualmente en todas las clases sociales, que se ahogan cada vez más en la desesperanza de una Guatemala fallida. ¿Ha fracasado el Estado de Guatemala?  Es el pensamiento de muchos guatemaltecos y tienen sustento para afirmarlo. Pareciera que las promesas, esfuerzos y medidas cortoplacistas, electoreras y clientelistas que ha tomado el Gobierno actual únicamente agravan el problema. Es por esto que afirmo que se necesita una profunda y positiva revolución, la revolución de la esperanza. ¿Por qué una revolución de la esperanza? ¿Dónde está la verdadera revolución? ¿En dónde está el verdadero cambio?

Algunos todavía esperan que el cambio ocurra como producto del devenir histórico. Hay quienes creen que el progreso es algo inherente a la dinámica social, ya que se ha demostrado que la humanidad siempre sigue adelante y logra mejores niveles de vida.

Son escasos los que tienen la lucidez para explicar que el problema no es solamente de las personas que están en el gobierno sino que se requieren cambios drásticos en los valores y actitudes de los guatemaltecos, en sus ideas, percepciones, cultura, conciencia social para consolidar las nuevas estructuras legales y políticas que aseguren un verdadero estado de Derecho.

¿Existe esperanza en Guatemala? Los períodos preelectorales, como el actual,  influyen en la explosión de esperanzas. Se cree que los nuevos gobernantes serán capaces de mejorar las condiciones de vida de los pueblos. Obama en las elecciones pasadas le dio esperanza a todo el pueblo Estadounidense pero los cambios sustanciales aún no se han dado. Los mismos gobernantes creen que pueden hacer el cambio, sin embargo, la realidad es difícil y si bien cada administración logra algunos resultados, para que se produzca un verdadero cambio depende de las personas que integran la sociedad para que los cambios excedan las expectativas de los gobernantes y de los gobernados.

¿Por qué la revolución de la esperanza? El término revolución tiene una connotación de esperanza, vida nueva, nuevos horizontes, riqueza, salud, libertad, etc. Esta esperanza del cambio es uno de los motores que alienta la dinámica social Guatemalteca. Son tan graves los problemas, tan grandes las limitaciones, tan angustiosas las necesidades, que se vive la agobiante espera de que las cosas cambien por sí mismas o que alguien sea capaz de cambiarlas, pero estas no van a cambiar hasta que todos cambiemos y hagamos el cambio con lo que mejor sabemos hacer. Me refiero a que el cambio está en la real y efectiva participación e incorporación de las personas en la vida de la nación. La revolución es el cambio del hombre mismo. Es el sólido bienestar común generado por la participación de cada uno de los individuos que conforman el país y contribuyen a su economía. La revolución está en que cada uno utilice lo que sabe hacer para cambiar Guatemala: si son médicos ayudar en la salud, si son abogados consolidar un Estado de Derecho, si son artistas o deportistas promover la cultura y el deporte en aquellos que más lo necesitan, y así con cada oficio u profesión.

La historia demuestra que las grandes naciones son el resultado de enormes esfuerzos realizados por grupos humanos en forma constante y permanente. Solamente si se cambia la mentalidad del ser humano; si se capacita a los ciudadanos para que aprendan a vivir y comportarse como tales; si se abren posibilidades en educación y cultura para todos; si se motiva permanentemente a través de los medios de comunicación; si se dan posibilidades de empleo y se crean alternativas de preparación para el trabajo; solamente así, se logrará la verdadera revolución: la revolución de la esperanza.

 


[1] Confieso, que tomé “prestado” este título del libro de Erich Fromm, el cual fue posteriormente utilizado por un ex presidente Mexicano, pero más importante de estos dos es el libro del escritor colombiano José Joaquín Salcedo titulado Latinoamérica, la revolución de la esperanza, el cual influyó en mí al escribir este artículo.

 

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